Enero 10, 2016

Querido Tino,

Me siento contento de escribirte, y no de hacerlo en este momento, sino de tenerte a ti para que puedas ver cómo voy y qué está pasando por mi mente, esto me ayuda a ver las cosas de una manera más clara. Tal vez te preguntes cual es la razón de mi buen humor, bueno, ayer te dije que intentaría escribir la historia de fantasía que tanto quería iniciar desde una parte que no sea el inicio, ¿y qué crees? ¡Me ha ido genial! Me he pasado toda la tarde escribiendo y escuchando música. No te diré más y te dejaré leer lo que he hecho hasta ahora. Llevo siete páginas de Word y 3.726 palabras, y creo que estoy lo suficientemente inspirado como para continuar, he hecho una pausa para contártelo. Bueno, aquí está:

Finalmente, los chicos habían llegado al muelle. El lugar lucía pequeñísimo comparado con el enorme mar que se extendía hacia el horizonte, el sol estaba en un punto bajo del cielo, pero aun así el muelle estaba lleno de vida: repleto de barcos atados de toda la variedad de formas y tamaños y personas realizando distintas actividades como cargando y descargando cosas, lavando con cubetazos la mugre y el excremento de las gaviotas, que revoloteaban por doquier, y barriendo las cubiertas repletas de polvo salino.

Nico, Alec y Leonor observaban todo con la boca abierta, como de costumbre, mientras Louie evaluaba la actividad en los barcos y guió a los chicos a acercarse al barco en el que parecía se concentraba la mayor actividad: los hombres entraban y entraban cajas de madera repletas de cosas desconocidas, a una esquina del barco, había un hombre recibiendo monedas y entregándoles boletos a unas personas. Una vez todos los que estaban comprando boletos se alejaron, Louie y los chicos se acercaron.

―¿Cuánto cuesta el boleto? ―preguntó Louie.

El hombre, que lucía unas ropas de tonalidades marrones y blanco curtido, y que llevaba un paño negro envuelto en la cabeza, les dedicó una áspera mirada. ―¿Tienen con qué pagar?

Louie estuvo a punto de decir que tratarían de conseguirlo, pero Nico habló antes de que Louie pudiera decir palabra alguna. ―Por algo estamos preguntando, ¿No cree?

Eso provocó que recibiera un empujón de parte de Leonor, mientras Alec se acercó y le susurró algo al oído a Nico, que, sea lo que sea que le haya dicho, no recibió respuesta por parte de él. Louie tuvo que reprimir el deseo de arrancar una tabla del muelle y golpear a los chicos con ella. Miró al hombre, que observaba la inmadurez de los chicos luciendo entretenido, Louie no tuvo de otra que preguntarle nuevamente:

―¿Cuánto cuesta el boleto?

―No creo que ustedes tengan con qué pagar. ―respondió el hombre, y se puso a contar las monedas que le habían pagado.

―¿No puede decirnos si quiera el precio del boleto? ―preguntó Nico. ― ¿Es eso demasiado difícil para usted?

Louie pensó que Nico había logrado finalmente colmar la paciencia del hombre, pero el lugar de exigirles que desaparecieran de su vista, el hombre rió y miró a Nico con expresión divertida: ―Está bien, si tanto quieren llegar a Gaia, consigan 40 monedas, diez cada uno, mañana zarpamos. 

―¡¿Diez monedas cada uno?! Pero esto es un robo, la última vez que fui costaba cinco monedas. ―se quejó Louie.

El hombre, sin levantar la vista de sus monedas, se encogió de hombros. ―Traigan diez monedas cada uno, y ya.

Los chicos se alejaron, preguntándose cómo conseguirían cuarenta monedas cuando Louie apenas cargaba con seis en los bolsillos. 

Tras las insistencias de Alec, los chicos bajaron a la playa, la cual estaba desierta, y caminaron pensando qué podrían hacer para conseguir el dinero. Mientras caminaban y el sol bajaba cada vez más, se encontraron con un chico debajo del muelle que con un cuchillo moldeaba un pedacito de madera. Louie lo observó con cierto recelo cuando pasaron justo al lado de él para cruzar al otro lado de la playa. Una vez lograron cruzar, el chico les habló con una voz clara y fuerte:

―Yo puedo ayudarlos a conseguir esas monedas.

Los cuatro se miraron entre ellos, dándose cuenta de que tal vez, como la playa estaba tan desierta, habían hablado lo suficientemente fuerte como para que ese chico pudiera escucharlos. Alec y Leonor continuaron caminando con la intención de ignorar la oferta del chico, pero Nico y Louie se detuvieron e intercambiaron una mirada, el chico no lucía como alguien que ganara muchas monedas, pero alrededor del lugar del que estaba sentado habían unas cuantas bolsas en las que Louie se había fijado cuando pasaron junto a él.

Nico y Louie se acercaron, detrás de ellos, Leonor y Alec se miraron entre sí y se acercaron al chico sintiéndose recelosos. 

―¿Qué tenemos que hacer para que nos ayudes? ―preguntó Louie, mirando con más detenimiento las bolsas de tela que yacían alrededor del chico, y al mismo tiempo, sintiéndose alerta por el afilado cuchillo con el cual el chico formaba algo parecido a la figura de una persona.

―¿Qué están dispuestos a hacer por ello?

Antes de que Louie respondiera, Nico se adelantó: ―Lo que sea.

El chico respondió antes de que Alec, cuyo rostro se había puesto de todos los colores, propusiera que emprendieran la retirada: ―Hey. No les pediré nada demasiado retorcido. Sólo quiero que me consigan una poción de embellecimiento.

Los chicos miraron a Louie, que lo consideraba con las cejas levantadas. ―¿Sabes que eso cuesta como quinientas monedas?

―No te estoy pidiendo que la compres. ―respondió el chico, acomodándose el cuchillo en algún bolsillo secreto debajo de su camisa grisácea.

―Sé que no me estás pidiendo que la compre. 

―Les daré 50 monedas por ella. Aprovechen que el dueño de la tienda salió ayer hacia El Mar a conseguir más pociones, y el chico que atiende la tienda durante el día no se queda allí en la noche.

Louie lo consideró unos segundos.―Deberías de darnos 100, por lo menos, si vamos a arriesgarnos a ser atrapados.

―¿Lo haremos? ―masculló Alec, en voz baja.

El chico pareció pensarlo unos segundos, luego asintió. ―Está bien. ―dijo mientras buscaba algo entre sus bolsas. ― Mi nombre es Rey, los estaré esperando aquí mañana en la mañana, y si me traen la poción, esto será de ustedes. ―dijo sacando una bolsa pequeña de una bolsa grande, la cual abrió un poco y mostró un montón de monedas doradas, las cuales estaban limpias y brillantes, como si hubiesen sido pulidas.

Louie contempló las monedas, luciendo impresionado, pero rápidamente cambió su semblante y le dedicó una última mirada a Rey, deteniéndose en cada detalle de su apariencia para recordarlo bien: ropa de aspecto caro, pero desgastada por el uso, pelo rubio arenoso y ojos azules cristalinos.

―Mañana nos veremos. ―dijo Louie. ― Ten el dinero listo.

―Ya están listas para ser entregadas, ustedes cumplan con su parte.

Y con eso, los chicos se alejaron, reanudando su marcha por la playa. Una vez estuvieron lo suficientemente lejos de Rey, Alec empezó a hacer preguntas y a colmar la paciencia de Louie, Nico, y Leonor, aunque los dos últimos se preguntaban por dentro lo mismo que preguntaba que Alec. “¿Dónde dormiremos esta noche?”, “¿Qué vamos a hacer si nos atrapan robando?” “¿Cómo castigan aquí a los ladrones?” “¿Qué tal si ese chico nos quiere timar?”

Louie, a quien todas las preguntas eran dirigidas, guardó silencio, como lo había hecho desde que Alec había empezado a fastidiarlo con tantas preguntas, Leonor, sin embargo, decidió intentar calmar a su amigo respondiendo esa última pregunta: ―Él no nos timará, Alec, no pareció pensarlo mucho cuando Louie le pidió cien monedas, realmente quiere esa poción.

Alec asintió y la miró, agradecido de que se haya molestado en responder a una de sus preguntas.

―¿Qué hace esa poción, por cierto? ―preguntó Leonor a Louie.

Louie estaba distraído, mientras miraba al mar, que ya lucía como un abismo oscuro con la luna siendo la única y pálida figura de luz levitando por encima de él. Pensaba en comprarle el afilado cuchillo a Rey, para poder usarlo para matar a Ernst, también se preguntaba en qué punto haría a los chicos regresar para poder hacerlo sin que ellos se espanten y piensen lo peor de él…

―¿Louie? ―preguntó Leonor nuevamente. ― ¿Qué hace esa poción?

A Louie le tomó unos segundos dejar ir sus pensamientos y comprender qué era lo que ella le preguntaba. Mientras subían una colina de arena que subía al pueblo, Louie intentó recordar qué era lo que hacía aquella poción, era una de las más caras, eso lo tenía bastante claro, pero no recordaba al ciento por ciento qué era lo que hacía la poción.

―Realmente no lo sé. ―le respondió a Leonor. ― No me acuerdo.

―Debe tener algo que ver con hacer las cosas lucir más bellas, ¿No? ―preguntó Nico.

―Es mucho más complejo que eso, me parece, pero supongo que es algo que debe ir por esa ruta.

Sin más palabras que eso, los chicos se adentraron al pueblo, en el cual ya quedaban pocas personas en las calles que caminaban de regreso a casa, la única iluminación era la luz de la luna y el leve resplandor de los fuegos que ardían en el interior de las casas. Leonor observaba el interior de las casas y los lugares donde más temprano habían vendedores de todo tipo, a esas horas, el pueblo lucía totalmente distinto a cómo lucía bajo la luz del día, un lugar que parecía alegre y tranquilo ahora lucía misterioso y peligroso.

La actitud de Louie no ayudaba a ablandar la forma en la ella que percibía el pueblo en ese momento: ―La gran antorcha no ha sido encendida aun. ―murmuró para sí mismo. 

―¿La gran qué? ―preguntó Alec, sin dejar de mirar a su alrededor en estado de alerta.

―La gran antorcha, esa enorme columna de piedra que vimos en la plaza hace rato, en la noche es encendida para iluminar un poco las calles cercanas a la plaza. Mientras más cerca estemos, menos propensos a ser asaltados seremos.

―¿No será peligroso meternos a la tienda si está muy cerca de la antorcha? ―preguntó Alec.

Nico lo miró luciendo sorprendido. ―Amigo, esa es la primera pregunta importante que has hecho hasta ahora.

Alec lo miró con mala cara, y luego miró a Louie, que asentía más para sí mismo que para los demás.

―No es el que nos vean lo que me preocupa más. ―dijo, asustando más a Alec.

―Me pregunto que estará haciendo mi familia ahora mismo. ―dijo Nico, cosa que sorprendió a Leonor y a Alec, ya que Nico había estado durante todo el tiempo que llevaban en Laidíd actuando como un amante de la aventura y los peligros de todo ese mundo.

―Deben de estar trabajando. ―respondió Alec.― Seguro sólo han pasado unos pocos minutos allá, ¿Cierto?

Nadie respondió, Louie se metió por un callejón poco después de que la gran antorcha fue encendida, y desde ese momento, se desplazaron por callejones y callejones, y evitaban lo más que podían las calles principales. En un momento determinado, Alec empezó a sentir que estaban caminando en círculos, y lo comunicó a sus compañeros en el justo momento en el que Louie se detuvo mientras observaba una rústica pared con una puerta y una ventana de madera igual de rústicas. Louie les propuso sentarse en el callejón y esperaran que pasara un largo rato hasta que estuviesen seguros que todos estaban dormidos, los chicos se quedaron callados todo ese rato, escuchando los sonidos del pueblo apagándose cada vez más.

Mientras estaban ahí sentados, los cuatro pensaban por su cuenta en lo que harían a continuación: De verdad iban a robar una tienda para obtener dinero… Y los cuatro, individualmente, se preguntaban a sí mismos qué tan bajo tendrían que caer para continuar con su misión. Sin saber que todos pensaban lo mismo, los cuatro ― cada uno a su forma― trataban de reconfortarse diciéndose a sí mismos que sólo sería una poción, la tienda estaba repleta de ellas, que no les haría falta… Pero aun así se sentía mal para todos ellos, Louie, por un segundo pensó en echarse para atrás e ir a decirle a Rey que no lo harían, pero decidió lo haría, necesitaba encontrar aquel libro… Por otra parte, estaba Ernst…

Después de lo que parecieron horas, Nico y Alec estaban empezando a sentirse adormilados, Louie se levantó finalmente, deseoso de huir de sus pensamientos y de ponerse manos a la obra.

―¿Alguno de ustedes sabe como forzar una cerradura? ―preguntó Louie.

Los chicos se miraron entre sí, pero tanto Nico como Leonor se ofrecieron a hacerlo, ambos pensando que no debería ser muy diferente a como lo hacían en la televisión, además, según lo que pensaban, las puertas de aquel lugar eran puertas con cerraduras más débiles que las cerraduras de donde venían.

―Déjame ver eso. ―dijo Leonor a Louie, el cual se quitó obedientemente, Nico también se acercó para mirar la puerta y la ventana, la ventana parecía tener sus cerraduras adentro, pero por suerte la puerta tenía su cerradura por fuera, ella podría destruir un candado fácilmente, pero una cerradura era algo más complejo, tendrían que quemar la puerta o algo.

Después de pensarlo unos minutos y de ignorar las ideas que proponía Nico como derribar la puerta a patadas o derribar las ventanas a patadas, Leonor tuvo una mejor idea. ―Lo mejor que podríamos hacer es serruchar el lugar donde está la cerradura y rezar para que se abra así.

Alec tragó saliva sonoramente. ―Entonces, ¿De verdad vamos a hacer esto?

Nico asintió. ―No hemos llegado tan lejos como para retroceder en este momento.

Leonor lo secundó. ―Además no hay otra forma rápida de conseguir las monedas, pero no te preocupes, Alec, todo va a salir bien.

Alec esperó que así fuera.

―Necesitamos algo afilado. ―dijo Louie.― Ése cuchillo que tenía Rey nos vendría bien en este momento.

―En realidad no. ―dijo Leonor.― Necesitamos algo más grueso, que no se vaya a quebrar cuando lo clave.

Nico soltó una risita. ―Tengo todo lo que necesitas justo aq…

―No es momento para tus chistes, Nico. ―sentenció Leonor.

―Creo que yo puedo ayudarlos con eso. ―dijo Alec con tono tímido, acto seguido empezó a rebuscar en su mochila hasta que sacó un cuchillo de cocina grueso y con mango de metal.― Traje esto por si acaso.

Leonor y Nico intercambiaron una mirada, ambos con la boca abierta. Incluso Louie lucía sorprendido bajo la tenue luz que la gran antorcha dejaba en la parte superior del callejón.

Una vez superaron el choque, sin decir palabra alguna, Leonor tomó el cuchillo y empezó a trabajar la puerta. Ella no aceptó en ningún momento la ayuda que le ofrecían los chicos, después de un largo rato, ellos se rindieron y se sentaron en el callejón mientras ella luchaba con la puerta. Sus golpes abrían agujeros y agujeros alrededor de la cerradura, pero lo mejor de todo era que se las arreglaba para hacerlo silenciosamente; Alec se alejó unos metros para hacer la prueba y ver si se escuchaba a unos metros más lejos de donde ellos estaban, y sólo sonaba un pequeño ruido brusco, que nadie que no estuviese buscando un sonido sospechoso no escucharía.

Después de lo que parecieron unas horas, Alec y Nico ya se habían dormido por la larga espera, pero Louie se mantenía alerta, por lo que se levantó instantáneamente cuando la puerta por fin se abrió.

―Eso fue sensacional, ni siquiera te quejaste. ―felicitó a Leonor.

Ella estaba sudada y le dolían los brazos, pero sonreía con pesadez. ―Fue pan comido. ―presumió.

Louie se adentró en la tienda mientras Leonor despertaba a los chicos. Al entrar, Nico rápidamente encendió con su caja de fósforos una de las velas que había traído y se la pasó a Louie antes de que empezara a derretirse y quemarle las manos.

Louie revisó entre el sinfín de frascos que había en los estantes, mientras Alec hojeaba un libro que había encontrado en una mesa repleta de frascos vacíos.

―Déjame ver ése libro, por favor. ―le pidió Louie, al tenerlo en sus manos, Louie lo revisó hasta que encontró la poción y el lugar exacto donde la tenían, en lo alto de un pequeño estante, un frasco de contenido anaranjado oscuro. Según el libro, la poción podía convertir momentáneamente objetos sin valor como trozos de madera o piedras en armas, estatuas, monedas, o cualquier cosa que el que la usara quisiera. Louie sospechó por la razón por la cual Rey les había pedido esa poción en específico, pero decidió pensarlo más tarde y enfocarse en tomar la poción y salir de ahí.

Una vez la encontró, decidió tomar dos frascos repletos de ella, en el instante en el que los tomó, sus tres compañeros lanzaron una exclamación. Cuando se volteó, vio como dos espantosas criaturas terminaban de materializarse de la nada, y se lanzaban hacia él.

Louie se arrojó al suelo y las criaturas se estrellaron con las estanterías que estaban detrás de él, rompiendo un montón de frascos de pociones y levantando un humo de aspecto peligroso de ese lado de la habitación. Louie corrió hacia una escoba mientras le gritaba a los chicos que salieran de allí, cosa que no hicieron.

Una vez tomó la escoba observó las extrañas criaturas que habían aparecido, eran dos especies de cabezas con alas, sin ningún rastro de piernas o alguna otra extremidad que sus alas, tenían una especie de pico carnoso color blanco brillante, como el resto de su piel, sus ojos eran huecos negros comparados con su brillante piel, pero lo que más alarmó a Louie fueron los dientes que sobresalían del pico, dos largas filas de afilados dientes recorrían sus bocas, dientes que podrían masticar su brazo sin ningún problema, dientes que seguramente podían masticar una puerta sin problemas.

Un destello de fuego del otro lado de la habitación lo hizo mirar rápidamente a sus compañeros, Nico les lanzó una vela encendida, que se apagó en el camino y que golpeó un punto por encima de ellas. Las aves ni siquiera repararon en él, su objetivo era Louie, y se lanzaron hacia él nuevamente.

Louie blandió la escoba y se sorprendió con lo suave que se sintió la piel de aquellas criaturas al alcanzar a una de ellas con el palo, y al batearlas pudo derribarlas a las dos, pero desgraciadamente las envió al lado de la habitación donde estaban sus compañeros. Alec lucía mortalmente pálido bajo la blanca luz que emitían las criaturas, y Nico buscaba con desesperación algo en su mochila, una de las aves se levantó y se lanzó a Louie nuevamente.

La otra, la que había sido golpeada con la escoba, parecía estar herida en un ala, pero se disponía a levantar el vuelo nuevamente. Leonor, desesperada, arremetió con el ave de la primera forma que se le ocurrió: saltando con fuerza encima de ella. Para su sorpresa, el ave explotó como un globo de agua, dejando un desastre de líquido blanco y colmillos en el suelo, y ni rastro alguno del resto del cuerpo de la criatura.

Mientras tanto, la otra criatura se las había arreglado para arrancar con sus colmillos parte de la escoba de Louie, y él hacía lo posible por mantenerla alejada con la mitad del palo que le quedaba, cada vez se le hacía más difícil mantenerse alejado de los colmillos de aquella cosa, y tal vez se estuviese volviendo loco, pero le daba la impresión de que la criatura se iba volviendo más grande con cada embestida.

―¡Aplástala con algo, Louie! ―le gritó Leonor.

Louie buscó algo con qué aplastar la criatura, pero no tenía nada al alcance, hizo lo mejor que pudo por golpearla para moverse hacia otro lugar, pues estaba acorralado.

Alec, desesperado por hacer algo por ayudar, tomó un frasco grande repleto de líquido violeta del estante que tenía más cerca y se lo arrojó a la criatura que se enfrentaba a Louie, pero no pudo ver qué pasó, pues otra criatura similar empezó a materializarse frente a él, haciéndolo chillar.

―¡Aparecen cada vez que tomas un frasco! ―exclamó Leonor. ― ¡No toquen los frascos!

Louie empezó a toser por el humo que levantó

Nico sacó sus dos últimos petardos, los había guardado en secreto en su mochila para que su hermano no se los robara. Encendió un fosforo y esperó con el corazón latiéndole como loco que la cuerda se consumiera para lanzarlo. Nunca se había quedado con el petardo en las manos, en ese justo momento recordó todas las veces que su madre le dijo que dejara de jugar con pirotecnia, que se le quemarían las manos y los brazos, Nico reprimió el deseo de llorar que se le había entrado de repente y gritó: ―¡Todos al suelo! 

Acto seguido lanzó el petardo en dirección a la criatura que revoloteaba sobre Alec mientras él corría por la tienda con Leonor pisándole los talones intentando aplastarla con una silla.

Leonor lanzó un grito al ver el petardo y se agachó rápidamente, Alec no titubeó en lanzarse dolorosamente al suelo. El petardo explotó justo cuando la criatura detenía el vuelo para lanzarse sobre Alec.

La habitación se llenó de explosiones coloridas y de líquido blanco, además de frascos rotos por doquier. Alec y Leonor quedaron especialmente bañados de líquido blanco y de pociones derramadas. Mientras tanto, la criatura que atacaba a Louie pareció verse demasiado afectaba por el sonido de la explosión, pues de repente empezó a volar de manera torpe, cosa que Louie aprovechó para lanzarla hacia el suelo con ayuda de lo poco que le quedaba del palo de la escoba, y pisarla con toda la fuerza que pudo concentrar en su pie derecho.

La criatura explotó, bañándolo con su líquido blanco y dejando los colmillos esparcidos por la habitación.

Louie observó la habitación y se sorprendió por el enorme desastre que habían causado: Líquido blanco y colmillos esparcidos por todas partes, pociones derramadas levantando humo del suelo y tiñendo poco a poco el líquido blanco con otros colores, Leonor bañada de líquido de todos los colores y levantándose del suelo con una silla tirada a su lado, Alec levantándose con unos cuantos cortes en el rostro y en los brazos, y Nico observando la escena aturdido, con la caja de fósforos en la mano.

Louie fue el primero en hablar. ―¿Están bien?

Todos asintieron. Louie agradeció al Dios de los Dioses que todos estuvieran bien, y que ninguna de esas pociones les haya afectado. ―Salgamos de aquí, la gente va a salir a ver que fue eso que lanzaste, Nico, será mejor que no estemos aquí.

―Lo siento, Louie. ―dijo Nico.― Olvidé que iba a hacer todo ese ruido…

―No te disculpes, funcionó para deshacernos de esas cosas. ―le sonrió Louie. ― Ahora recojan sus cosas y marchémonos, y no toquen nada al salir.

Los chicos salieron corriendo del lugar, desplazándose entre los callejones del pueblo de regreso al muelle, alejándose de la gran antorcha y sumiéndose cada vez más en la oscuridad de la noche.

¿Qué te parece? Hasta ahora es un borrador, pero creo que tengo un muy mal concepto de borrador, pues tal vez tenga algo que editar más adelante, pero ahí está básicamente todo lo que he querido narrar hasta ahora. 
Tal vez le cambie el nombre a la chica, pues al principio quería llamarla Eleanore, pero luego le puse Leonor para que fluya mejor con el idioma español (Mi sueño es que este libro llegue a ser muy famoso, y que si obtiene una película sea una película animada en lugar de una película live-action como hacen hoy en día con todas las sagas juveniles). Tal vez le nombre Irene a la chica, que me llegó  a la mente hace rato... No estoy seguro, tal vez use ese nombre en otro personaje...
Bueno, hasta aquí lo dejaré, Tino, mañana será un buen día, sólo tengo una clase, pero creo que estaré ocupado haciendo unas cuantas diligencias. Ya te contaré cómo me va...
No quería terminar la carta sin decirte que he estado pensando en cambiar mi fecha de nacimiento en Facebook para que la gente no se percate de mi cumpleaños y no me felicite, mi cumpleaños es la próxima semana y ahora mismo no siento deseos de que me feliciten... No pude hacerlo porque Facebook me avisó que esa sería la última vez que podría cambiar la fecha de mi cumpleaños. Estoy pensando en cerrar mi cuenta para ese día o algo... Más luego te diré qué tal...
Por ahora seguiré escribiendo, mañana te contaré sobre un sueño que tuve esta noche del que quise escribir una historia, bueno, te contaré de ese y de otro que tuve el viernes en la madrugada...

¡Hasta la próxima!
7:57 PM


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